Desterrando mitos del acoso escolar

Hoy es el Día Mundial contra el Acoso Escolar y aunque el teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación ha atendido entre noviembre de 2017 y octubre de 2018 un total de 12.799 llamadas, lo que supone la mitad de llamadas en el mismo periodo del año anterior, que se atendieron 25.366 llamadas hemos de seguir dando visibilidad a un problema como es el acoso escolar. Se trata de un tipo de violencia entre iguales que puede ser psicológica, verbal, física o también por medio de las redes sociales y que vulnera los derechos de las víctimas produciendo un gran sufrimiento entre los niños, niñas o adolescentes que lo sufren.

El centro debe ser consciente de algunos prejuicios o tópicos que existen al abordar estos problemas y que pueden impedir un correcto diagnóstico. Algunos de esos mitos son los siguientes:


“Siempre ha existido y no ha pasado nada”. “Estas cosas fortalecen el carácter”

Si creemos que el insulto, las amenazas, el menosprecio, las humillaciones los empujones o los golpes son normales en el mundo de los niños, es muy probable que no haya intervenciones por parte del mundo adulto.

“Son bromas, cosas de chicos”

En el juego puede haber bromas de vez en cuando, pero no continuamente o con el objetivo de dañar y hacer que el otro se sienta mal. Si además el daño se produce en aquellos que se consideran más débiles o sobre los que puede haber prejuicios en torno al sexo, etnia, religión, clase social o apariencia física, hemos de ser conscientes del sufrimiento que causa.


“Se lo estaba buscando, se lo merecía”

Es peligroso creer que las personas son merecedoras de cualquier acto de violencia psicológica o física; se trataría de un “error de atribución” (“algo habrá hecho”). Desde el momento en que un niño se siente agredido a través de un mote, insulto, golpe, etc. merece nuestra atención.

“Solo los niños, y no las niñas, son acosadores”

En realidad, la variable del sexo no influye a la hora de actuar como agresor.

“En nuestra escuela no hay acoso”, “Lo mejor es ocultar lo que ocurre para no dañar la imagen del centro”

Estar ciegos, tener miedo a comunicar o hacerlo de forma reactiva es la peor forma de afrontar estas situaciones.

“Las víctimas son personas débiles”

Cualquier persona puede ser víctima de una situación de violencia o discri- minación, por motivos variados, como un rasgo físico, la pertenencia a otra cultura, una forma diferente de pensar, ser estudioso, llevar gafas…

“Cuando hay una pelea más vale no meterse”

Ante situaciones de violencia no existen posturas neutrales.

“Solo la persona acosada necesita ayuda”

Las víctimas necesitan atención específica, pero también los agresores.

“No tengo tiempo de hacer caso a todos los rumores”

Debemos encontrar el equilibrio entre considerar acoso cualquier situación y hacer dejación de nuestra responsabilidad por no dar importancia a lo que en realidad la tiene.

“Los niños siempre dicen la verdad”

Nunca hay que ignorar las afirmaciones de los niños o adolescentes pero tampoco dar por sentada la veracidad o exactitud de sus palabras. Los niños en ocasiones confunden realidad y fantasia; y los más mayores muchas veces no son plenamente conscientes de la trascendencia de sus palabras.
Estas y otras expresiones son ideas de partida que pueden impedir actuar de manera adecuada y, sobre todo, a tiempo.

Ley del silencio

En torno a estas situaciones existe, además, una “ley del silencio” entre los alumnos por miedo a ser tachados de chivatos o a que el acoso se acreciente; por la confusión y la falta de confianza y por no saber a quién contar lo que sucede; o por vergüenza de la víctima. Además, el agresor suele buscar ese silencio cómplice de los testigos.
Se sabe que más de la mitad de los niños no denunciarían ser víctimas de acoso y que solo una minoría de los casos de hostigamiento son denunciados. Incluso cuando surge la voz de alarma, la mayoría quiere demostrar que no está ocurriendo nada o que lo que se dice es
falso.
Por todo ello, los profesionales de la enseñanza tienen que estar atentos y detectar de manera discreta los casos de acoso o discriminación lo antes posible; las reuniones del claustro pueden ser de gran ayuda para comunicar cualquier indicio. Es importante también tratar de cambiar
en los alumnos esa visión de “chivatos” para inculcarles la idea de que denunciar este tipo de situaciones es de “valientes”. Hay programas específicos de convivencia (como “alumnos ayudantes”, “tutorías entre iguales”, o “mediación escolar”) que modifican esta concepción y ayudan a inculcar una cultura de diálogo entre los alumnos, de forma que ven como algo normal contar lo que ocurre y buscar soluciones.

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