El suicidio juvenil.

 

Hoy se ha publicado que Netflix ha eliminado la polémica escena  del suicidio de su protagonista durante  tres minutos de duracion.  La serie que hace más de dos años que se estrenó ha decidido por fin eliminar la polémica escena tras haber consultado sus efectos con médicos expertos.

El suicidio hoy

Y es que el suicidio hoy es la tercera causa de muerte en el grupo de edad de entre los 15 a los 29 años, superado sólo por las causas externas de mortalidad y los tumores, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística.

Desgraciadamente, durante los últimos años en nuestro país los medios de comunicación se han hecho eco de algún caso de niños o jóvenes que se han quitado la vida. Pese a no ser este un hecho frecuente, invita a la reflexión por la gravedad de las consecuencias, siendo un indicador importante de cuestiones de fondo que deben ser tratadas por la sociedad. De esto se deriva el consiguiente análisis del entramado social subyacente a esta problemática, cuyas consecuencias se agudizan al hablar del suicidio en niños y adolescentes como miembros de un medio sociocultural compartido, y que como tales no deberíamos eludir responsabilidades. Además del mayor impacto y calado social al estar frente a una población más vulnerable y con menos recursos psicológicos y herramientas de afrontamiento ante situaciones traumáticas, en estos casos se acentúan aún más estas inquietudes acerca de qué variables podrían estar influenciando este tipo de prácticas y qué podemos hacer para evitar que este tipo de situaciones continúen repitiéndose de forma sistemática.

 

La confluencia de múltiples factores llevan al trágico desenlace

 

En cualquier caso, el suicidio, como escape extremo de una situación vital angustiosa, no es sino producto de la confluencia de múltiples factores, reflejo no sólo de la idiosincrasia e historia de cada individuo (historial familiar de suicidio, de abuso físico o social, tentativas previas de suicidio, trastornos emocionales, tentativas de suicidio, los acontecimientos estresantes como las rupturas, la pérdida de seres queridos, los conflictos con allegados y amigos, los problemas legales, financieros o relacionados con el trabajo, así como los acontecimientos que conducen al estigma, a la humillación o a la vergüenza…) (OMS, 2006) sino también de factores sociológicos propios del contexto en el que este desarrolla su vida. Por tanto, no debería obviarse el papel que la presión de los demás ejerce en la persona, los cánones impuestos de belleza y valores vitales o los efectos colaterales de la situación de crisis que atraviesa el país, que sitúa a los jóvenes con escasas perspectivas de inserción en el mundo laboral, a la par que aumenta el desarraigo familiar, desestructurando familias por razones económicas, provocando emigraciones en busca de mejoras en las condiciones laborales o disminución de la atención de los padres hacia los hijos al tener que pluriemplearse dada la precariedad de los contratos. El abuso de sustancias y la influencia del grupo de iguales también propician la ausencia de control sobre afectos y actos.

Desde iFamilias insistimos en que el suicidio es un problema de salud pública de primer orden y que hemos de trabajar unidos para ofrecer una información rigurosa, sobre todo a través de los medios de comunicación, de las herramientas para detectar las señales que pueden llevar a este trágico desenlace y se fomente la prevención.

 

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