El empleo: escudo protector para evitar que la violencia vuelva a producirse

El 59% de la victimas de violencia de género se encontraban en situación de desempleo en el momento de sufrir la violencia

 

Aunque no existe un perfil sociodemográfico de mujer víctima, dándose por igual en todos los estratos económicos y socioculturales,
el proyecto europeo We Go!, llevado a cabo en 12 centros de 4 países europeos (España, Grecia, Bulgaria e Italia), pone de manifiesto que casi 6 de cada 10 víctimas (59,1%), se encuentra desempleada en el momento de sufrir la violencia, cifra que contrasta con el 18,3% registrado en el momento de realizar el citado estudio (diciembre 2017).
Los datos del presente informe vienen a afianzar la conclusión de WeGo!, arrojando cierta relación entre desempleo y violencia de género. Así, un 65% de las encuestadas manifiesta encontrarse desempleada, junto a un 16% que admite desempeñar algún tipo
de ocupación, pero sin contrato, en condiciones de absoluta desprotección (en algunos casos, sin conocimiento del agresor). En
la misma línea, un 58% de las desempleadas es de larga duración, es decir, lleva más de un año sin encontrar trabajo.

El empleo es clave para hacer frente a la violencia de género

 

Es cierto, que en muchas ocasiones, es la propia violencia de género la que aleja a las víctimas del mundo laboral, debido al bloqueo de acceso al empleo que ejerce el agresor, conduciéndolas a una espiral de aislamiento que merma su autoestima y deriva en mayores cotas de desempleo y en grandes dificultades para buscarlo. Asimismo, el hecho de no ser independientes económicamente puede ocasionar que la violencia de género se perpetúe en el tiempo.
Por otro lado el desempleo y los trabajos realizados en la economía sumergida conducen a que más de 8 de cada 10 mujeres  sean víctimas de la exclusión social y  la pobreza, propiciando que su situación se prolongue en el tiempo. Por ello, el empleo se alza como
el recurso clave para hacer frente a la violencia de género, al constituir el único elemento que empodera transversalmente a las mujeres, incrementando su autonomía, independencia y autoestima”. Si bien el empleo no es un muro infranqueable contra la violencia de género, sí constituye una sólida barrera que actúa como mecanismo preventivo, contribuyendo decisivamente a la recuperación integral de las mujeres.

El paro y las situaciones de precariedad. Importantes barreras para reducir la violencia de género

 

El desempleo se convierte, precisamente, en uno de los principales frenos para que las mujeres den el paso y pidan ayuda: un 71% destaca el paro y las situaciones de precariedad como principales frenos para denunciar. Al no tener ingresos propios y depender económicamente del agresor, -muchas veces por imposición directa de éste-, y al sentir menoscabada su autoestima, temen encontrarse solas, sin recursos e, incluso, perder la custodia de sus hijos.
Un porcentaje superior (80%) subraya el miedo a las represalias, previendo que la denuncia pueda tener un efecto multiplicador
en la violencia, tanto sobre ellas, como sobre sus hijos. De lejos, un 40% destaca la inseguridad jurídica, es decir, la desconfianza en la protección que le proporcionará el sistema. Asimismo, un 38% admite no denunciar por vergüenza a “reconocer” las graves  situaciones que ha tolerado, seguidas de un 35% que declara no querer perjudicar al agresor (prisión, pérdida de estatus social y familiar, etc).
Además, existen otras razones que llevan a las víctimas a la inacción: la esperanza de que su pareja cambie (31%), o la voluntad de “aguantar” para que sus hijos tengan una familia (25%).
Por último, resulta preocupante el hecho de que, a pesar del poder del desempleo a la hora de dotar de seguridad a las mujeres, casi la mitad (49%) de las desempleadas no confía en poder encontrar una ocupación en el plazo de un año, mientras que sólo un 12% cree que tardará menos de un mes.

 

Fuente: Informe Empleo contra la violencia de genero. (Fundación Adecco)

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