A dialogar en familia también se aprende

 

El limite es no perder el respeto hacia el otro

Cuando una pareja o una familia no discute es posible que se deba más a la indiferencia o a la mala comunicación que a una óptima
relación, casi imposible. La cuestión es la medida de las discusiones, que no se pierda el respeto al otro o a los otros. Si se pierde, la
relación se vuelve difícil, nuestra familia puede ser un nido de complicidad o un lugar incómodo y desapacible. Cuando los miembros
de la familia se enfrentan, se genera una dinámica desagradable y dolorosa.
En muchas ocasiones, tenemos poca destreza en el manejo de habilidades que suavicen los escollos de la convivencia, que requiere de una importante dosis de comprensión, paciencia, cariño y tolerancia hacia las actitudes y palabras de los otros y otras. Por ello, ejercitar técnicas que nos ayuden a solventar situaciones familiares y sociales delicadas o complicadas, es muy recomendable.

 

El conflicto es natural en las relaciones humanas

¡Que desastre eres, Pablo! ¡Llegas tarde y no avisas! ¡No piensas en nadie más que en ti mismo!…¡ Que egoista eres..!!!. “. Su madre ha empezado descalificando, antes de oír la justificación del hijo, que le puede parecer razonable o no. Pero desde luego, lo que si es seguro es que si Pablo  se siente atacado, lo más fácil es que responda atacando para defenderse.
No obstante, sabemos que a pesar de las recomendaciones que recibamos y de los esfuerzos que realicemos, a veces no es posible evitar que el conflicto nos rebase. En las circunstancias en que esto ocurre, nos sentimos mal, sufrimos y no sabemos cómo abordar la situación.
Cuando nuestros esfuerzos no sirven, nos sentimos impotentes y muchas veces culpables de lo que pasa, de modo que la situación
empeora porque al sentirnos mal proyectamos nuestro malestar en quienes nos rodean, en la mayoría de los casos, involuntariamente.
En general, vivimos el conflicto como algo muy negativo que nos hace sufrir cuando no tiene por qué ser así. El conflicto es natural
en cualquier relación humana y puede ser un elemento que nos ayude a reforzarnos y a fortalecer las relaciones familiares. Solo debemos aprender a gestionarlo, a saber que de él se derivan también aprendizaje y experiencia y que además contamos con ayudas institucionales.
Cuando tenemos algún conflicto, sea familiar o de otro tipo, tendemos a sentirnos víctimas, creemos que nos están atacando o fastidiando y que nos están haciendo daño.
No nos damos cuenta de que tenemos parte de responsabilidad y que en algún momento, algo ha encendido la mecha del conflicto.

El conflicto es compartido, no es solo de las otras personas contra nosotras o nosotros, y por eso mismo todo el mundo tiene que hacer algo para resolverlo.

 

Centros de Mediación Familiar de iFamilias

Hoy día, contamos con importantes apoyo a las familias. No estamos en soledad, podemos acudir a centros de mediación familiar de iFamilias donde personas profesionales nos van a orientar y a facilitar servicios que nos ayuden a solventar las dificultades que nos causan los conflictos familiares.

En nuestros centros de Mediación Familiar la personas solicitan o aceptan la intervención de una tercera persona, “mediador/a”, con la finalidad de llegar a acuerdos que les permitan reorganizar su relación como padres, como pareja o simplemente para clarificar e identificar los intereses en común, estableciendo, para ello,  una negociación que concluirá con acuerdos satisfactorios para toda la familia.

El diálogo: un valor familiar en alza

Actualmente podemos apreciar, sobre todo en grandes ciudades, cómo el progreso y el desarrollo han dado lugar al predominio de valores como competitividad, individualismo, independencia, hedonismo…
Cada vez nos resulta más complicado establecer relaciones de apoyo y confianza. Nos falta tiempo, espacios y lugares adecuados
para hablar, escuchar y para entendernos con las personas que nos rodean. Estos problemas de comunicación, de diálogo, dejan
paso, en muchas ocasiones a conductas violentas.
La conflictividad está fuertemente enraizada en la cultura humana. Pensemos por un momento cómo suelen ser las relaciones que se
llevan a cabo en comunidades vecinales, en cómo nos transformamos al volante cuando conducimos, en los mensajes que damos a los niños y a las niñas para resolver conflictos con iguales…
Por ejemplo, seguro que le suenan estas expresiones: “Si te pegan dale tú mas fuerte”, “No seas un cobarde”, “sólo las niñas lloran”, “tienes que aprender a valerte por ti misma”…

El aprendizaje de estrategias que empleamos ante nuestros conflictos es algo que comienza en nuestra infancia. Así, a través de
mensajes como los descritos anteriormente, las niñas y los niños entenderán que el maltrato y la violencia pueden convertirse en buenos instrumentos para conseguir determinados objetivos.
La base de la educación para la vida y la convivencia se construye a partir de valores como el ejercicio de la solidaridad con el otro, de la preocupación de unos a otros, la justicia, el respeto, la honestidad, …

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