Consejos para conciliar familia, escuela y trabajo

 

 

Por Javier Peris

1. Existen dos campos de batalla: el de las motivaciones y de las rutinas. El primero tiene que ver con los objetivos vitales y sus prioridades, y esto sólo corresponde a cada persona. El segundo, con obligaciones concretas que nos imponemos dirigidas específicamente organizar la logística doméstica, y que se establecen con el diálogo y el pacto. Los dos campos hay que trabajarlos por igual.

2. Los problemas de conciliación se asocian habitualmente al estrés. Éste puede ser un efecto, nunca la causa del problema. La vida laboral en sí misma ya constituye una fuente de estrés aunque no medien obligaciones familiares. Dicho de otra forma: no nos apresuremos a atribuir a las incidencias familiares supuestas consecuencias negativas en el trabajo. Y viceversa, claro.

3. Separar mentalmente los dos ámbitos nos ayudará a proteger los dos entornos. No es una tarea fácil… ¿Acaso no es bueno compartir con la pareja la ansiedad que nos produce la actividad laboral? ¿No es inevitable que la familia pague de alguna forma un periodo de sobrecarga de trabajo? Sí y sí, siempre que encontremos los necesarios contrapesos en una comunicación constante y sincera en el seno de la familia.

4. No hay recetas universales. Cada persona es como es, y los desordenados o los primarios o los olvidadizos no están menos dotados para ser buenos padres de familia, amorosos cónyuges y al mismo tiempo excelentes trabajadores. Se trata de adaptar nuestra siempre peculiar forma de ver la vida a las necesidades más prácticas y acuciantes del día a día.

5. Conciliar es una responsabilidad de toda la familia.Una cosa es repartirse el trabajo y otra compartimentar las obligaciones. Esta corresponsabilidad empieza por la pareja pero debe extenderse a los hijos. Estos deben ser conscientes que no ser puntuales, o no trasmitir informaciones del colegio, u olvidarse de la mochila perjudica a sus padres y al resto de la familia.

6. Evaluar y corregir. Nos repartimos las tareas en un primer momento: la compra, los viajes de los niños, el médico, los imponderables… Y sin darnos cuenta nos pasamos años sin pararnos a pensar si le estamos sacando todo el partido. Debemos evaluar (o sea, hablar, incluso discutir) periódicamente si esta organización es o no beneficiosa para cada cónyuge y para los hijos.

7. Horarios. ¿Establecemos los horarios familiares… o nos los imponen desde fuera? Tiene que haber un poco de todo. Si, por ejemplo, dependemos de la televisión, que reserva los mejores programas para los noctámbulos, estamos perdidos. Y en el trabajo, sean cuales fueren el oficio o el grado de responsabilidad, el horario de salida debe ser fijo, pese a quien pese.

8. Los padres dedican años, miles de horas, a un empleo con el que no contaban: taxistas (o conductores de VTC). Tiene sus cosas buenas, como dedicar esos ratos a conversar con los hijos; pero también malas: constituye con frecuencia un factor de estrés, además de una considerable inversión de tiempo. Siempre que sea posible, repartirse con otros padres los viajes… aunque no nos caigan bien.

9. Hay alternativas al automóvil. El trasporte público, a partir de cierta edad, debería ser obligatorio para nuestros hijos, pero nunca lo considerarán una opción si no ven en sus padres una predisposición a su uso. También se puede fomentar el viaje al colegio en grupo, junto a otros compañeros, en el metro o en el autobús. Todo lo que nos esforcemos en este sentido lo disfrutaremos en el futuro.

10. La escuela requiere de los padres dedicación y atención, y a veces no es posible ni repartirse las tareas.Además de las tutorías, están las fiestas escolares, los deportes de equipo, los planes educativos… Lo bueno es que casi siempre pueden planificarse con tiempo: ¡no vale hacerse el sorprendido la víspera!

11. El colegio es la primera fuente de relación social de los niños, después de la familia. Por eso hacemos bien sintiéndonos obligados a acudir a los cumpleaños de los compañeros y otras reuniones fuera de la escuela. Suelen ser fuera del horario laboral pero no por eso nos cuesta menos, y a veces hay que empezar por animar -incluso obligar- a los propios hijos.

Portrait of young stressed dad trying to work and talk on phone while sitting with his newborn babe in home office interior. Handsome overworked guy making call with his child crying on office table

12. Los deberes, las tareas para clase son un mundo en sí mismo. Como regla general, más que dedicación, lo importante es reservar atención para los estudios de los hijos: saber qué están estudiando, preguntar por los profesores (incluso conocerlos), qué materias les gustan más y menos, cuáles les cuestan especialmente… Esto es más difícil y provechoso que ayudarles a sumar y restar.

13. Extraescolares. Es bueno que los chavales se interesen por actividades deportivas y culturales fuera del entorno escolar, pero cuidado con dedicar tiempo y dinero a ellas cuando el afectado las ve como una obligación poco satisfactoria. En caso contrario, todo el tiempo que les dediquemos está muy bien empleado. Un tiempo, por cierto, que también es posible planificar.

14. La compra. Si desde pequeños acostumbramos a nuestros hijos a participar en las compras de la casa, pueden ayudar mucho a partir de cierta edad. Desgraciadamente no es posible prever todo lo necesario en la compra semanal, pero siempre hay un supermercado cerca donde no les pedirán el DNI si se llevan un kilo de naranjas.

15. El médico. La consulta médica destroza el horario normal en todos los casos. Como sólo se produce en horario laboral y escolar, padres y niños pierden horas de trabajo y de clases. Si no se trata de una urgencia, al menos podremos evitar consecuencias indeseables avisando con antelación en el trabajo y estando pendiente de las materias en las que el niño irá retrasado.

16. El ocio. Curiosamente se trata de una faceta de la vida familiar que no siempre resulta apetecible, entre otras razones porque los niños no se divierten con las mismas cosas que los adultos. Y sin embargo hay que buscar tiempo para todo. Además de proporcionar al menor un esparcimiento apropiado, hay que reservar un poco de tiempo para que la pareja haga lo propio.

17. El móvil. Es innegable que tanto el móvil como el whatsapp favorecen la comunicación y facilitan la logística diaria de la familia. Pero no cumplen estos objetivos si sólo sirven para informar sobre un retraso o un incumplimiento de las obligaciones. No basta, en fin, con avisar. Los nuevos medios de comunicación pueden y deben servir para prever, planificar y ayudarse.

18. En el trabajo. La cultura de la conciliación ha llegado para quedarse y todas las empresas, por pequeñas que sean, lo saben. Otra cosa es que se olviden, o que lo dejen para tiempos mejores. Hoy el empleado, y con más razón el directivo, puede y debe introducir en las relaciones laborales el condicionante familiar. Individual o colectivamente, según el caso.

19. La respuesta de la empresa siempre será más pronta y apropiada si los compañeros de trabajo se comportan de manera similar: cumpliendo el horario de salida; no ocultando los motivos reales de las ausencias anunciadas; sugiriendo horarios especiales en las épocas de vacaciones y puentes… Actuando así se hace un favor también a los responsables de la empresa.

20. La cultura de la conciliación en el trabajo comienza por el trato informal con compañeros y superiores. Si en nuestras conversaciones y opiniones usamos enfoques que valoran la dedicación a la familia, cualquier propuesta o reivindicación sobre este tema al menos no pillará a nadie desprevenido.

21. Preocuparse por las familias de los demás es otra buena forma de transmitir estos valores en el ámbito laboral. Constatar que todos nos enfrentamos cada día a dificultades muy parecidas aumenta la solidaridad y predispone a facilitar que todos nos ayudemos a hacer un poco menos difícil la tarea de ser -¡al mismo tiempo!- buenos cónyuges, buenos padres e hijos y buenos trabajadores.

22. La conciliación es desde hace años una prioridad para los poderes públicos, sean del color político que sean. Hay que estar informado de las novedades y no dar por supuesto que ya las conocen en la empresa. Promover un Plan de Conciliación. Desde hace casi veinte años la conciliación es un derecho de los trabajadores.

 

 

Fuente: Padres y Colegios

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