Cuando acudir a la mediación familiar

La Mediación Familiar

Tal vez muchos de nosotros hayamos oído alguna vez esta palabra. Lo que es seguro, es que si hacemos juntos el recorrido, la mediación familiar será conocida  en todo su significado, y esperamos de todo corazón  que forme parte de vuestro vocabulario, más  pronto que tarde, porque ello significará que habreis podido apreciar “en primera persona” los beneficios que conlleva.
Es posible que te pregunte porqué va a interesarte la mediación. Para medir tus intereses te sugerimos que recuerdes si te has encontrado en alguna de las situaciones que describimos a continuación:
“Cada vez tenemos más dificultades en la relación con nuestro hijo adolescente, la comunicación con él no es fácil, nos cuesta entenderle y hacer que respete las normas de casa”.
“Desde que nuestra madre murió, los hermanos estamos muy distanciados, primero porque el tema de la herencia no lo hemos resuelto a satisfacción de todos y, además, ahora nos cuesta ponernos de acuerdo en qué hacer con nuestro padre…”.
“Nuestro matrimonio ya no funciona y nuestros continuos enfados están haciendo daño a los niños. Queremos separarnos, pero, antes de ir al juzgado, nos gustaría ver si podemos hablar tranquilamente y tomar algunas decisiones…”
“En la empresa familiar todos tenemos un papel, pero no hay manera de que lleguemos a acuerdos sobre cosas que antes, cuando vivía mi padre, estaban claras”.
“Mi mujer no entiende que no puede dejar que nuestros hijos se salgan siempre con la suya, les está maleducando, pero ella dice que la cuestiono…La verdad es que no nos ponemos de acuerdo sobre cómo debemos educarlos”.

Si tu experiencia se refleja de algún modo en alguno de los anteriores “escenarios”, creemos que disfrutarás leyendo todo lo que iremos publicando en esta sección.

La mediación familiar es un modo pacífico de gestionar y solucionar los conflictos  en el ámbito familiar que cada vez está cobrando más importancia. Esto no se debe al hecho de que los problemas en las familias puedan haber aumentado o ser más complejos, sino, principalmente, a las grandes ventajas que presenta la mediación para cuidar las relaciones familiares, aún en momentos difíciles y delicados.

Cooperación y no enfrentamiento

La mediación se basa en la idea de cooperación y no en la de enfrentamiento. Pretende que las personas podamos comunicarnos desde el respeto y hacer del diálogo el cauce para manifestar nuestras necesidades e intereses. En todo este proceso, la persona mediadora será quien nos ayude a ir deshaciendo los nudos en los que, a menudo, nos enredamos cuando tenemos una disputa.
A lo largo de la historia, muchas culturas han utilizado sistemas parecidos para abordar situaciones de enfrentamiento que son naturales cuando se convive. En muchas, todavía hoy, el más anciano o alguien con autoridad reconocida, propicia encuentros donde las personas puedan expresarse y manifestarse hasta conseguir hacer las paces.
En los últimos decenios el número de conflictos ha crecido y se han “complejizado” conforme se cubren las necesidades básicas, de modo que es habitual encontrarnos con personas que ante un problema emprenden acciones judiciales para resolverlo. Este es un camino largo que hace que el conflicto también se extienda en el tiempo y, en muchas ocasiones, se agudice a lo largo de él. Así, se polarizan cada vez más las posiciones que traen las partes y puede finalizar, aparentemente, con vencedores y vencidos,
sin la plena satisfacción de ninguno. En muchos casos esta vía para solucionar los problemas es necesaria, pero tenemos la opción de elegir otros caminos más “amables” y no menos eficaces, que, además, nos permiten seguir “siendo familia”, aún con otra estructura, tras el conflicto. La mediación familiar nos ofrece esa gran oportunidad, porque al ser la familia un sistema, el que todos nos sintamos ganadores tras un conflicto, nos ayudará a seguir creciendo como personas y nos permitirá fortalecernos en la red familiar, si hemos sabido tejerla positivamente.

El mediador nos allanará el camino, si eso es lo que queremos. Desde que nos levantamos, hasta que nos vamos a dormir, pueden surgirnos desencuentros de mayor o menor grado con nuestros compañeros de trabajo, con los vecinos, con cualquiera que coexista con nosotros, pero, probablemente, los más dolorosos son los que se producen en el seno de la familia. En éstos entran en juego los hechos y, sobre todo, los sentimientos de cada uno de sus miembros. Sin duda, muchos de los conflictos que se generan entre las personas que conviven se deben a malentendidos y a las diferentes percepciones de cada una, por ello, cuando surgen, una de las formas más aconsejable para gestionarlos y resolverlos es a través de la mediación. Esta institución ofrece un espacio seguro para poder manifestar todo lo que nos preocupa y lo que desearíamos que ocurriera en nuestras relaciones familiares, sabiendo que cada persona será escuchada con respeto y el mediador propiciará que puedan escucharse también entre ellas, más allá de las palabras.

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