Más allá de ideologías, las familias necesitan ser protegidas

La falta de tiempo

Voy de bólido”. “Estoy agobiadísima”. “De trabajo hasta las cejas”. “Voy de culo”. “Escopetado”. “Estoy liadísimo”. “No paro”… Este abanico de expresiones es cada vez más habitual para explicar el estado vital de la sociedad del siglo XXI. Padres, madres, trabajadores y trabajadoras cuyas agitadas vidas tienen una característica en común: la falta de tiempo.

Es lo que le sucedía a Brigid Schulte, una exitosa periodista de The Washington Post, casada y madre de dos hijos, quien llevaba años inmersa en una frenética carrera contra el paso de las horas. Schulte quería llegar a todo, tanto a nivel profesional como familiar. Un esfuerzo, que la dejaba exhausta: “Sentía que no tenía tiempo, que no hacía bien lo que tenía que hacer y que no atendía a mi familia debidamente… Me sentía culpable”, explicó en una entrevista en la NPR, la radio pública de Estados Unidos, donde detalló como, en su afán de “no destrozar la infancia de mis hijos”, se encontró un día en la cocina, a las dos de la madrugada, preparando cupcakes para la fiesta del colegio de sus hijos. Aquello fue un aviso. Como también lo fue la breve anotación en su diario (escrita asimismo a las dos de la madrugada) que decia así “Pánico. Me despierto llena de pánico”…

En las últimas décadas estamos asistiendo a un interesante debate en torno a la conveniencia de cuestionarnos la idoneidad de alguna de las bases
en las que se asienta el sistema de relaciones laborales contemporáneo.

Cada vez son más las voces que se alzan cuestionando que una vez alcanzado un nivel jurídico de protección social acorde a un Estado Social y Democrático de Derecho, los trabajadores se están replanteando su papel en la sociedad y el actual modelo de producción.
Desde la década de los 80 las principales reivindicaciones de los trabajadores -y se puede decir que de la sociedad en general-, se centraron en el reconocimiento y desarrollo de unos derechos laborales básicos, tanto de naturaleza colectiva como individual, que debían incardinarse en un
mercado de trabajo complejo, en proceso de adaptación, en constante reestructuración con una elevada tasa inicial de desempleo. Es cierto, que los principios de ocupabilidad y estabilidad en el empleo, se han venido anteponiendo a otras demandas sociales, por las características del momento histórico que nos ha tocado vivir.

Por su lado, los empresarios insistentemente vienen demandando mas instrumentos para propiciar la competitividad, aludiendo a la necesidad de flexibilizar la normativa laboral, al entender que sólo diversificando las modalidades contractuales, apostando por la temporalidad y fomentando la polivalencia funcional del trabajador, se producirá una reactivación de la economía española y una disminución de la tasa de desempleo.

El papel del legislador ha consistido en intentar integrar ambos posicionamientos –con mayor o menor éxito- a través de las múltiples reformas que en la mayoría de las ocasiones han venido propiciadas por la política legislativa comunitaria.

Una mirada a la familia

Pero, lo cierto es qunos adentramos en el siglo XXI  con asuntos claves sin resolver:

  • Las empresas y los trabajadores deben acordar formas diferentes de organizar la estructura del trabajo.
  • No sólo la ley y el gobierno han de seguir dando protección para una igualdad efectiva entre hombres y mujeres en las empresas. Es necesario también cambiar la propia organización del mercado de trabajo que no concuerda con las necesidades más amplias de la sociedad.
  • Imprescindible tambien apoyar y proteger los cambios necesarios para que los mayores tengan más cabida en el mercado de trabajo.
  • Medidas de protección de la maternidad, como la baja por maternidad remunerada, la atención de la salud materna e infantil, la protección de la salud en el lugar de trabajo para las mujeres embarazadas y lactantes, la protección del empleo y la no discriminación, e instalaciones adecuadas para la lactancia y el cuidado de hijos e hijas
  • El reparto del trabajo de cuidados entre hombres y mujeres a través de permisos de paternidad y los permisos parentales remunerados tras la baja por maternidad inicial, así como otras políticas relativas a las permisos para cuidar de otros familiares (de larga duración o por motivos urgentes)
  • Modos de organización del trabajo para hombres y mujeres que permitan la conciliación con las responsabilidades familiares, incluyendo horas de trabajo decentes para todos, trabajo parcial de calidad y otras condiciones de trabajo favorables a la familia
  • Servicios de cuidado de niños y niñas, y otros servicios e infraestructuras familiares, asequibles y de calidad
  • Prestaciones de seguridad social, como prestaciones familiares y por hijos a cargo, y desgravaciones fiscales, a fin de garantizar la seguridad de los ingresos para el cuidado adecuado de hijos e hijas y de otras personas a cargo, y de garantizar sus derechos
  • Medios de formación profesional, asesoramiento, regímenes de garantía del empleo y obras públicas, y servicios de información y colocación para ayudar a los trabajadores con responsabilidades familiares a permanecer en el trabajo o a reincorporarse al mismo tras una ausencia debida a la prestación de cuidados.

Y para todos estos cambios de gran calado necesitamos superar la visión dualista de las ideologías políticas del momento, ya sea de derechas o de izquierdas que nos enfrenta y que ha quedado obsoleto para los tiempos que corren. Tenemos que avanzar!!!!!!

 

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