Cotización de mujeres trabajadoras y el sistema publico de pensiones

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Trabajo femenino y cotización

 

Es indudable que la brecha de género que existe en nuestro sistema públicos de pensiones muestra una relación directa con las desigualdades existentes en el mercado laboral. Si observamos los datos del sistema público de pensiones en España es en realidad una foto de la historia del mercado de trabajo de la segunda mitad del siglo XX.
En un sistema público de pensiones como el español, de naturaleza contributiva, prestación definida y financiación por reparto, factores como el historial de cotización del trabajador o trabajadora (especialmente, el número de años cotizados y las bases de cotización) y el estado civil determinan no solo las condiciones de acceso a una pensión de jubilación o viudedad sino que también condiciona su importe inicial. Estos factores explican en gran medida las brechas de género existentes en las pensiones contributivas.

Los sistemas públicos de pensiones se diseñaron atendiendo a un modelo social en el que los hogares eran sustentados económicamente por el hombre

 

La mayoría de los sistemas públicos de pensiones de los países de la OCDE se diseñaron atendiendo a un modelo social en el que los hogares eran sustentados económicamente por el hombre (cabeza de familia), quedando el rol de la mujer relegado a la esfera del hogar, por lo que dependía económicamente del hombre. Sin embargo, es una obviedad que este patrón social ya no representa a la mayoría de los hogares actuales. Las transformaciones sociales que se han producido en las últimas décadas están trayendo consigo cambios significativos en el sistema de pensiones; cambios que solo están empezando a verificarse y que afectan decisivamente a la brecha de género.
Las mujeres parten, sin lugar a dudas, de una situación más desfavorecida en las pensiones contributivas de la Seguridad Social. Algunos de los problemas más comunes en las carreras laborales femeninas que inciden negativamente sobre el acceso y el importe que perciben en concepto de pensión de jubilación incluyen su mayor presencia en trabajos a tiempo parcial en comparación con los hombres, su menor dedicación de tiempo a trabajos remunerados por desempeñar labores de organización doméstica y crianza de hijos, la percepción de salarios más bajos y las discontinuidades en sus carreras laborales por cuidados a hijos y familiares.
Además, la evolución de diferentes variables biométricas constituye asimismo un claro determinante de la brecha de género en pensiones, principalmente la mayor esperanza de vida de las mujeres. Que las mujeres lleguen en mayor medida a edades muy avanzadas y que perciban menores importes por pensión las sitúan en una situación de mayor vulnerabilidad financiera durante la vejez, sobre todo si viven solas y necesitan cuidados de larga duración.
Desde iFamilias analizaremos  las figuras más importantes del sistema español de pensiones de la Seguridad Social, las pensiones contributivas de jubilación y las de viudedad, desde la perspectiva del género. Estas pensiones representan el 61,23 por ciento y el 24,81 por ciento del total de pensiones devengadas en 2017, respectivamente. En el caso de la pensión contributiva de viudedad, se trata de una prestación de derecho derivado, toda vez que las figuras del causante y del beneficiario no coinciden, como sí ocurre en la pensión de jjubilación.Es muy importante señalar  que las prestaciones públicas son la principal fuente de ingresos de las personas mayores en España;  y que suponen un 72 por ciento del total de sus ingresos. Este porcentaje esta 13 puntos por encima de la media de los países de la OCDE .

La pensión de jubilación supone, con gran diferencia, el ingreso más importante y se ha calculado que en los hogares en los que el cabeza de familia tiene más de 70 años representan el 90 por ciento de la renta del hogar.

Medidas con carácter urgente.

Expuesta esta realidad, es evidente que  es imprescindible tomar medidas con carácter urgente. Medidas como:

  • Impulsar el diálogo social y la negociación colectiva.
  • Incrementar las políticas activas de empleo
  • Exigir planes de igualdad en todas las empresas obligadas por ley 
  • Establecer la obligatoriedad de negociar planes de igualdad en empresas de menos de 250
    trabajadores
  • Introducir medidas de acción positiva, imprescindibles para combatir las brechas de género en el empleo
  • Avanzar en conciliación y corresponsabilidad
  • Eliminar las desigualdades en la protección social.
  • Acometer las reformas legales para una Ley de Igualdad Salarial.
  • Revisar el Pacto de Toledo para cuantificar las desigualdades y discriminaciones de género en el sistema de protección social, así como de las posibles medidas correctoras a corto y medio plazo, con cargo –en su caso- a financiación complementaria.
  • Profundizar en las medidas ya implementadas en los sistemas de protección social que permiten reducir el impacto de la brecha por razón de sexo: complementos a mínimos, reconocimiento de periodos cotizados,…

Es evidente que nos encontramos ante un gran reto, para lo cual necesitamos en primer lugar políticos de altura!

 

 

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