Las cuatro epidemias del estudiante milenio

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Tengo casi 41 años de ser maestro y en los últimos tres años he observado un nuevo perfil en mis estudiantes universitarios: dispersos, sentido de la vida muy a corto plazo, baja tolerancia a las frustraciones, dificultad para mantener un esfuerzo constante, abandono de tareas ante el aburrimiento y dificultad, problemas comunes de depresión, ansiedad y estrés y adicción al móvil, tablets, redes sociales, videojuegos, series de televisión y videos musicales.

Pudiera argumentar que nos enfrentamos a la generación más feliz de toda la historia, con más tecnología, mayor bienestar, mejor educación y con grandes avances científicos en todas las ciencias que previenen cualquier tipo de enfermedad física, mental o emocional.

Desafortunadamente, no es así.

Observo una generación más enferma que las generaciones pasadas. El Dr. Tim Elmore, presidente y fundador de Growing Leaders en Atlanta, Georgia, publicó esta semana el libro Stressed Out (Estrés Liberado) y define cuatro causas por las que el adolescente milenio está más vulnerable y frágil ante las presiones del mundo hoy:

1. TIEMPOS SOBRESATURADOS

Pudiéramos pensar que nuestros chicos tienen una vida cómoda y relajada. No es así. Necesitan estar alertas y responder a miles de mensajes todo el día. Están en clase tratando de entender la explicación del maestro y reciben un whats, esperan que el maestro se distraiga para leerlo y contestarlo y, mientras, pierden la concentración de la exposición. Consultan el whats y lo contestan y al regresar a clase se dan cuenta de que perdieron la secuencia y se abruman porque no entienden la lección. Esta situación sucede cada cinco minutos y al final de clase se sienten tristes y frustrados porque no pueden procesar tanta información al mismo tiempo: el maestro y los whats.

2. EXIGENCIAS Y MUCHOS COMPROMISOS

Educamos a estos estudiantes fastidiados de actividades al día: Entrenamiento de futbol, lecciones de canto, baile o teatro, clubes para hacer la tarea, clases de karate, taekwondo o boxeo y otras decenas de clases extracurriculares.

Los padres tienen miedo que sus hijos sean mediocres y que los otros chicos sean mejores que ellos. Los padres ejercen una presión enorme para que sus hijos sobresalgan, por ejemplo: ‘Mi hijo es defensa y le exijo al entrenador que lo ponga de centro delantero para que brille metiendo goles u obligo a la maestra de danza a que coloque a mi hija enfrente del grupo en el festival para que todas la vean’. Quieren hijos perfectos y los ponen a competir contra otros causando altos niveles de estrés y ansiedad.

En el 2015 Madison Holleran, chica muy brillante, deportista, sociable y feliz, se quitó la vida apenas a sus 19 años en la Universidad de Pensilvania.

Dejó una nota antes del suicidio que decía: “Ya no sé quién soy. Trato… trato… trato y nada”. Era una chica muy perfeccionista y le afectó su calificación de 80, según su padre. Su familia era “perfecta”, la acompañaban en todos sus eventos deportivos y expresaban un amor sincero, pero vivía una gran ansiedad en su interior que nadie se dio cuenta. Cuidemos las expectativas, que sean reales y hagámoslos resistentes a las frustraciones.

3. EXPUESTOS A RIESGOS

El adolescente recibe más de 10 mil mensajes al día, gracias a los medios sociales y digitales. Está pegados al celular lo equivalente a un día de trabajo de tiempo completo. Es testigo de 16 mil asesinatos y 200 mil asaltos en la televisión. Vive angustiado todo el día por los celulares, en sus relaciones, con sus papás y en la escuela.

 

4. SOBREPROTECCIÓN

La mayoría de los chicos viven estrés y ansiedad porque sus padres nunca los prepararon para ser resilientes (la capacidad de vivir un fracaso y salir adelante). Son frágiles, pero ellos no tienen la culpa, son los padres responsables de tener niños que quieren todo fácil e inmediato. Es irónico que en el proteger los debilitamos

 

Fuente:http://www.elnorte.com

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