Aumenta la desigualdad de rentas en nuestro país.

https://pixabay.com/es/pobres-negro-pobreza-1775239/ La pobreza en España
Aumento de la desigualdad de rentas en nuestro país.

iFamilias está firmemente comprometida con dar máxima visibilidad a los datos que nos llegan de Europa sobre el creciente aumento de la desigualdad de rentas en nuestro país.

Este dato junto con el del desempleo, es una de las principales consecuencias sociales del cambio de ciclo económico de hace una década. Según EUROSTAT, España está entre los 5 países con mayor desigualdad de renta de la Unión Europea en 2016 según el índice de Gini que creció en 2,6 puntos entre 2007 y 2014, un incremento de algo más de un 7 por cien. Como se aprecia en el Gráfico 1, y han subrayado varios análisis especializados, este aumento de la desigualdad está ligado a las repetidas tasas negativas de crecimiento de rentas que ha venido soportando la mitad más pobre de nuestra población desde 2007. Por eso, otros indicadores de desigualdad, que se fijan particularmente en las colas de la distribución de ingresos, han aumentado bastante más que el índice de Gini. Sin ir más lejos, el S80/S20, que compara los ingresos del 20 por ciento más rico con los del 20 por ciento más pobre, ha pasado, en ese mismo periodo, de un 4,8 a un 6,6, un incremento de más de un 35 por cien.

Gráfico 1. Tasa media de crecimiento anual de la renta disponible (equivalente) por centiles, España, 1973-2014.

Fuente: Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), varios años.

Y no es que los más pobres no hayan sufrido otras malas rachas, tuvieron una época difícil durante la transición, concretamente en el periodo 1973-1980, y durante otros periodos de fuerte aumento del desempleo, como en la corta crisis de los principios de los noventa. Pero el Gráfico 1 nos deja bien claro que una caída de rentas de este calibre no la habían padecido nunca en los últimos 40 años.

Las razones para este desplome de ingresos en los hogares más vulnerables se debe a profundos cambios en la estructura distributiva de las rentas de mercado como consecuencia del potente aumento del desempleo y de la precariedad laboral.

 

La primera de las razones para este desplome de los ingresos de los hogares más vulnerables tiene que ver con los profundos cambios en la estructura distributiva de las rentas de mercado como consecuencia del potente aumento del desempleo y de la precariedad laboral. La segunda, en cambio, es fruto de la ausencia de políticas públicas de protección de rentas que sostengan unos niveles mínimos de ingresos cuando el desempleo, como esta vez, se manifiesta de forma particularmente virulenta.

Antes de que llegara esta profunda recesión, sabíamos que la desigualdad salarial (y en general la desigualdad de rentas de mercado) en España era relativamente baja en el contexto europeo. Países como Alemania, Reino Unido o Irlanda exhibían unos niveles de desigualdad de rentas de mercado significativamente más altos que los nuestros y, a pesar de ello, conseguían reducir la inequidad en la renta disponible de las familias a base de un potente y efectivo sistema de prestaciones e impuestos que les colocaba finalmente en mejor posición reduciendo su índice de Gini en, al menos, un 40 por ciento.

Gráfico 2. Impacto del sistema de prestaciones e impuestos sobre la desigualdad en España (% de reducción del índice de Gini antes y después del sistema), 1973-2014.

Fuente: EPF, varios años.

En contraste, el sistema de prestaciones e impuestos español, después de mejorar su eficacia entre 1973 y 1990 (Gráfico 2), no ha avanzado mucho. Entre 1990 y 2010 su capacidad de reducir la desigualdad se mantuvo estable en un discreto 35 por ciento y sólo cuando la crisis arreció y afectó a la población con empleo más estable y mayores cotizaciones acumuladas, el sistema consiguió aumentar su eficacia hasta un 38 por ciento. Desgraciadamente, a pesar de eso, hoy en día nuestras políticas públicas de carácter monetario se siguen colocando, junto con las de los países del Este europeo, entre las menos eficaces de la Unión para reducir las desigualdades de renta entre los ciudadanos (Gráfico 3). Más concretamente, en la clasificación por desigualdad de rentas de mercado nos situamos en el decimosegundo puesto de los 28 países de la Unión, pero por desigualdad de renta disponible pasamos al octavo.

Estos últimos resultados provienen de un interesante informe realizado por la Comisión Europea titulado Report on Public Finances in EMU (2017) publicado este mes de enero y que resalta la escasa eficacia del sistema de impuestos y transferencias español para la reducción de la desigualdad de rentas y nos reprocha que haya cambiado tan poco la eficacia del sistema en las últimas décadas. Como era de esperar, a raíz de este tirón de orejas, la prensa española se ha ocupado del tema y, en general, los expertos consultados centran la explicación de nuestros malos resultados en dos aspectos que parecen poder explicar lo que pasa. El primero es que las ayudas económicas para reducir la pobreza son muy escasas y el segundo que los impuestos recaudan poco y podrían ser más progresivos. Veamos si, con los datos que tenemos de otras fuentes y los análisis que se han llevado a cabo sobre el tema, son estos, y no otros, los factores que mejor explican los malos resultados de España y justifican estos reproches. ¿Hay algo que estemos pasando por alto? ¿Qué es lo crucial para el diseño de mejores políticas públicas que sean más eficaces en la tarea de igualar más las rentas disponibles de las familias españolas?

Gráfico 3. Desigualdad de rentas de mercado, renta disponible y capacidad redistributiva del sistema de prestaciones e impuestos (medias del periodo 2004-2014).

Fuente: Report on Public Finances in the EMU, Comisión Europea, 2017.

Si atendemos a los resultados del interesante informe de la OCDE Divided we stand. Why inequality keeps rising publicado ya en 2011, que analizaba las razones por las que la desigualdad en los países ricos ha seguido aumentando desde el cambio de siglo, debemos subrayar que para medir la capacidad redistributiva de cualquier sistema es necesario fijarse en dos elementos clave: la progresividad y la dimensión tanto de los impuestos directos como de las prestaciones monetarias para los más necesitados. Ambos son importantes y por separado no consiguen, en ninguna parte del mundo, que los efectos redistributivos de una política pública sean potentes. Imaginemos una sociedad con dos individuos, uno rico y uno pobre, y en la que hay un impuesto progresivo. El primer individuo (rico) gana 10.000 euros y paga 500 de impuesto, un 5% de tipo medio efectivo sobre su renta bruta. El segundo, el pobre, gana 1.000 y paga 10 euros, sólo un 1%. Con este diseño el impuesto no consigue ser muy redistributivo porque, aunque es muy progresivo y el rico paga cinco veces más que el pobre por cada euro que gana, su peso sobre la renta bruta es realmente pequeño y ambos ciudadanos pagan poco en proporción a lo que ingresan.

El mismo informe de la OCDE de 2011 concluyó que los países que de forma efectiva habían conseguido que creciera el efecto redistributivo de alguna de sus políticas era porque habían incrementado la dimensión de la política y no su progresividad. Es decir, habían aumentado principalmente el peso relativo de la prestación o del impuesto sobre la renta bruta de los hogares.

Precisamente este aspecto, la dimensión de los impuestos y las prestaciones, es el que en nuestro país ha quedado más escondido en la discusión de los resultados del reciente informe de la Comisión Europea sobre la ineficacia del sistema español y el que ha pasado más inadvertido en la discusión mediática. En vez de eso, varios artículos se han centrado en discutir si los hogares situados en diferentes puntos de la distribución son contribuyentes o receptores netos del sistema. Y no es que ese resultado no sea importante, que lo es, y es cierto que la línea de transferencias netas es particularmente plana en nuestro país, lo que también indica que hay que mejorar la progresividad. Pero veamos ahora cómo en realidad, es más bien la dimensión, y no tanto la progresividad, lo que resulta clave para explicar lo que, a diferencia de otros países europeos, sucede en España.

Gráfico 4. Prestaciones medias en porcentaje del PIB, 1965-2015.

Fuente: Contabilidad Nacional (INE) y Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad.

 

Escasas ayudas económicas para reducir la pobreza

Vayamos por partes. En cuanto al primero de los factores explicativos, las escasas ayudas económicas para reducir la pobreza que están en vigor en nuestro país, todos los estudios sobre el tema indican que, efectivamente, nuestra última red de cobertura económica para hogares sin ingresos, las “Rentas Mínimas de Inserción” de las Comunidades Autónomas, son una red de protección fragmentada por territorios y extremadamente frágil por su baja cuantía en muchas de las regiones con más población necesitada. Ciertamente, comparado con el de otros países europeos, se trata de un sistema más residual, con menor cobertura y transferencias menos generosas. Algo similar ocurre con las prestaciones por hijo a cargo, gestionadas por la Administración Central, que reciben alrededor de un millón de beneficiarios, pero cuya cuantía es irrisoria en el contexto europeo: 24 euros mensuales por menor para familias con rentas anuales brutas por debajo de 11.600 euros, lo que no llega a ser ni la cuarta parte de lo que sería la prestación media por menor en los países de la Unión Europea, que alcanzaría unos 100 euros mensuales, aproximadamente. Todo esto contribuye a que, a pesar de la mejora en la dimensión de nuestro sistema de prestaciones desde finales de los años 60, todavía estemos significativamente por debajo de lo que nos podríamos permitir con nuestro nivel de renta nacional (Gráfico 4). El peso del sistema es un 33,8% de nuestro PIB, lo que nos sitúa por encima de EE.UU. y Australia, y cerca del Reino Unido, pero claramente por debajo de países como Alemania (36,6%) y bien lejos de Francia (45,5%) o Bélgica (44,8%).

Pero ¿qué peso tienen las políticas de prestaciones sobre la renta disponible de una familia media? ¿Es realmente tan pequeño? En proporción a la renta disponible, el total de prestaciones que recibe una familia española alcanza poco más de la cuarta parte de la renta disponible, significativamente menos de lo que suponen en países otros países de la Unión. Y las únicas que tienen una dimensión relevante en términos de cuantía son las pensiones contributivas, que representan cuatro quintas partes del total de las prestaciones que recibe un hogar medio.

Y entonces, ¿qué política será la más redistributiva? Pues, sin sorpresa, vemos en el Gráfico 5 que las pensiones contributivas son la política más efectiva y que acapara más de la mitad de todo el efecto redistributivo de nuestro sistema. Le siguen el impuesto sobre la renta y el resto de políticas de transferencias, con poco más de un 10 y un 5 por ciento de eficacia respectivamente (aunque en el caso de las últimas la recesión dobló su impacto por el impulso de los estabilizadores automáticos). 

Gráfico 5. Efecto redistributivo de cada política (en % de reducción del índice de Gini), 2005-2011.

Fuente: EUROMOD G1.5+

Por eso, si analizamos el gráfico del informe de la Comisión que se ha reproducido en la prensa (Gráfico 6), más que fijarnos en si unos u otros son contribuyentes o receptores netos del sistema, lo que realmente debe llamarnos la atención es lo fina que es, tanto por abajo como por arriba, la zona coloreada para nuestro país en comparación con otros. Es decir, el mensaje clave es que, para cualquier nivel de renta, la dimensión tanto de las prestaciones (parte positiva) como de los impuestos (parte negativa) en España es “pequeña” sobre el total de renta bruta. Desde luego, nada que ver con el grosor de cualquier otro país de la Eurozona como Francia, Alemania o incluso países del sur de Europa como Portugal o Italia. Vamos que, con esta dimensión, aquí no hay quien redistribuya, por mucho que aumentemos la progresividad.

Gráfico 6. Dimensión de las prestaciones e impuestos por deciles (media 2004-2014).

Fuente: Report on Public Finances in the EMU, Comisión Europea, 2017.

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